Bolivia preside la Sesión del Consejo de Seguridad de NNUU

      Hermano Secretario General:

      Hermanas y hermanos representantes ante el Consejo de Seguridad,

      Hermanas y hermanos representantes de las diferentes misiones diplomáticas;

      Hermanas y hermanos miembros de Naciones  Unidas y otras agencias;

      Deseo expresar mi agradecimiento por participar de esta Sesión del Consejo de Seguridad. Este consejo tiene la importante responsabilidad de mantener la paz y la seguridad.

      Ahora más que nunca, debemos trabajar para tender puentes y no construir muros e impulsar el diálogo y la diplomacia de los pueblos para resolver todos nuestros conflictos en beneficio de la vida.

      Hermanas y hermanos representantes,

      Es un honor para mí, poder dirigir esta reunión, les pido me permitan compartir con ustedes algunas reflexiones sobre un tema que afecta y compromete la vida, el bienestar de todas las personas y el equilibrio y subsistencia de nuestra Madre Tierra: me refiero al agua.

      Este tema tiene un importante impacto en el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.

      Nuestro planeta, la familia humana y la vida en la tierra atraviesan una crisis del agua que se intensificará en las próximas décadas.

      De acuerdo con datos de la FAO, el planeta tendrá una población mundial de aproximadamente 10 mil millones para el año 2050, eso implicará el incremento en la demanda de alimentos en un 50 por ciento.

      Según la Organización para la Cooperación y Desarrollo (OECD) para ese mismo año la demanda de agua se habrá incrementado en un 54 por  ciento.

      Si los patrones de consumo se mantienen, dos  tercios  de la población mundial vivirán con escasez  de agua para el año 2025.

      La situación es muy grave, más de 800 millones de personas carecen de acceso a agua potable, más de 2.500 millones de personas no tienen acceso a saneamiento básico.

      También según la ONU, cada día mueren entre 800 y 1000 niños menores de cinco años por enfermedades relacionadas con la falta de acceso a agua potable y saneamiento.

      Resulta esclarecedor también conocer que desde 1947 se han producido 37 conflictos entre estados por asuntos relacionados al agua.

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      Hermano Secretario General,

      Quiero  agradecer y destacar el papel que juega la Organización de las Naciones Unidas a través de sus  diversas agencias en el tratamiento de    esta temática que sigue siendo uno de   los desafíos más importantes de la humanidad.

      En la misma línea, la agenda 2030 para el desarrollo sostenible viene profundizando la necesidad de alcanzar de manera universal y equitativa    para toda la humanidad, el acceso al agua y saneamiento.

      Adicionalmente, los Estados tenemos la obligación de realizar un manejo responsable e integrado de los recursos hídricos en todos sus niveles,    incluyendo aquellos transfronterizos al amparo del principio de cooperación.

      En 2010, a nombre de mi país propuse  ante la Asamblea General declarar al agua como un derecho humano para promover su observancia y asegurar progresivamente su reconocimiento y aplicación Universal.

      La 64 Asamblea General de las Naciones Unidas celebrada en julio de 2010, aprobó la Resolución que reconoce al agua potable y al saneamiento básico como derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida y de todos los derechos.

      En ese mismo sentido, continuamos planteando nuestra propuesta para que todos los servicios básicos sean declarados como derechos humanos.

      Hermanas y hermanos representantes,

      A diferencia de otros recursos que pueden encontrar alternativas, como por ejemplo el petróleo, el agua dulce no tiene sustituto alguno.

      Sin agua no hay vida, y hoy somos 7 mil millones de personas explotando las mismas fuentes de agua disponibles, un recurso finito, vulnerable y tan escaso que sólo nos queda administrarlo razonablemente.

      Vengo de un país con profundas raíces  indígenas, originarias y campesinas. En nuestros pueblos el agua es siempre concebida como la fuente de vida, como un bien común que es de todos, no es de nadie en particular, y es el nutriente de la Madre Tierra que debe ser respetado y preservado.

      El tratamiento a nuestros pueblos y comunidades en materia de agua no fue justo, tanto durante los procesos de la colonia como durante los recientes tiempos republicanos.

      No fuimos consultados sobre la disposición de sus fuentes, afectando derechos sobre el territorio y sus recursos naturales. Se menospreció su valor vital, su calidad de  bien social y cultural, y su vínculo con nuestra propia identidad.

      Durante la etapa neoliberal se privatizaron algunos de los servicios de agua potable y saneamiento. Se privilegió el lucro, no se pudo resolver las crecientes demandas de las ciudades, se encareció los costos y provocó la justificada reacción popular que determinó su recuperación.

      Con estos antecedentes, los bolivianos acordamos en nuestra nueva constitución de 2009 que los recursos naturales son de carácter estratégico y de interés público, son de propiedad y dominio directo, indivisible e imprescriptible del pueblo.

      Definimos también que el agua constituye un derecho “fundamentalísimo” para la vida, un recurso esencial para la subsistencia de la humanidad en armonía con la Madre Tierra.0024

      Hermanas y hermanos representantes,

      Vivimos una crisis del agua con dimensiones complejas, que abren nuevos desafíos frente a las tradicionales políticas y modalidades de gestión del agua. Por ejemplo:

      • La consideración del agua como un derecho humano antes que un derecho de propiedad privada;
      • La irracionalidad de someter el agua a las condiciones del mercado, privilegiando la utilidad antes que su acceso libre y universal;
      • La urgencia de definir prioridades para su uso vital;
      • La necesidad de programar mayores fondos accesibles para infraestructura de agua y saneamiento básico para superar el déficit global de financiamiento destinados a proyectos de agua, lo que contrasta con el gasto militar sobredimensionado;
      • Su incidencia en el desarrollo humano y económico;
      • La racionalidad de sus diversos usos en la protección del medio ambiente o el respeto por los valores culturales de las comunidades.

      Asimismo, debemos destacar que la mayoría de los más importantes acuíferos del mundo están sobre explotados y son vulnerables a la contaminación.

      Un alto porcentaje de las fuentes de agua dulce son compartidas por dos o más estados y no siempre hay acuerdos sobre su naturaleza, su propiedad o su uso, generando condiciones de conflictividad que deberían más bien convertirse en oportunidades de colaboración efectiva.

      Según la ONU, existen 276 cuencas transfronterizas en el mundo.

      60 en África, 68 en Europa, 46    en América del Norte y 38 en América del Sur.

      256 de estas cuencas, es decir, el 92,7% son compartidas por 2, 3, o 4 países.

      20 de estas cuencas, es decir, 7,2% son compartidas por 5 o más países.

      Estamos estrechamente vinculados por el agua.

      Las políticas tradicionales en la gestión del agua y los efectos del cambio climático han expuesto una crisis que genera nuevas tensiones, locales, regionales y globales, que ponen en riesgo la estabilidad, la paz y la seguridad de las naciones.

      Insisto en su importancia pues este consejo ya ha conocido en diversas oportunidades la complejidad del asunto.

      Los desarrollos del nuevo derecho internacional del agua que alienta el sistema de las Naciones Unidas contribuyen a encontrar y adoptar nuevos paradigmas para promover una gestión más efectiva.

      De esa forma, superar los conflictos por este recurso a través de una renovada diplomacia preventiva y efectiva de aguas transfronterizas.

      Un ejemplo de ello es que, desde 1947 se han celebrado 300 Convenios Internacionales de Aguas.

      Hermano Secretario General,

      Tal como usted señaló, las Naciones Unidas se crearon  para evitar las guerras y que en estos tiempos de competencia por los recursos, la prioridad es la prevención de conflictos y el sostenimiento de la paz.

      Hermanas y hermanos representantes,

      La crisis del agua es una de las más grandes amenazas que enfrenta la vida en el planeta. Los órganos de las Naciones Unidas, en base a sus respectivos mandatos, deben redoblar los esfuerzos para que juntos la enfrentemos.

      En ese sentido, me permito compartir con ustedes reflexiones que seguramente serán alimentadas a lo largo de éste y otros debates:

      1. El agua es indispensable para la vida de todas las personas y de todos los seres vivos, para el equilibrio y la subsistencia de la madre tierra. El agua es un patrimonio universal compartido y vulnerable.
      2. El agua fresca, insustituible y finita, debe preservarse adecuadamente en todas sus fuentes y reservas frente a la polución, los desastres del cambio climático o su sobre explotación para fines no vitales.
      3. El agua dulce disponible se encuentra en muchos depósitos compartidos internacionalmente, su aprovechamiento debe fundarse en oportunidades de colaboración, integración y confraternidad entre los pueblos, no de conflictos sobre su naturaleza, propiedad o uso. El agua compromete la seguridad, el orden y la paz de los pueblos, no puede ser la causa de conflictos domésticos o internacionales.
      4. El agua debe aproximar a todos los estados, naciones, comunidades, pueblos, movimientos sociales y personas, para que de manera inclusiva se compartan inquietudes, conocimientos, se promuevan consensos y definan políticas de gestión de agua más efectivas y colaborativas.
      5. El agua ha motivado el desarrollo de nuevos instrumentos de derecho internacional que incorporan principios sobre su uso, preservación, cooperación, intercambio de información y tecnología y prioridad de uso vital que deben merecer la atención de los Estados.
      6. El agua debe inspirar un nuevo entendimiento global para preservarla y conservarla para las próximas generaciones, para garantizar su acceso universal y para evitar conflictos.
      7. Los Estados deben considerar la celebración de acuerdos de gobernanza que pongan énfasis en la sostenibilidad y sustentabilidad de los recursos hídricos transfronterizos, previendo la constitución de mecanismos institucionales que velen por el uso y aprovechamiento razonables de dichos recursos.
      8. Los estados tienen el deber de cooperar activa y permanentemente entre ellos. Deben proporcionar información oportuna sobre cualquier cambio significativo suscitado a raíz de la utilización de recursos hídricos transfronterizos.
      9. Los Estados deben abstenerse de adoptar medidas unilaterales que pongan en riesgo o afecten los derechos de otros Estados que comparten recursos hídricos transfronterizos.
      10. Los Estados, como reza la carta de las Naciones Unidas, tienen la obligación de buscar soluciones a sus controversias a través de la negociación, la investigación, la mediación, la conciliación, el arbitraje, el arreglo judicial, el recurso a Organismos o acuerdos regionales u otros medios pacíficos como los buenos oficios.

      Donde fluye el agua debe fluir la Paz.

      Muchas gracias

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      Categories: Actualidad